Memoria que florece
- Isabella Ameyalli

- hace 6 días
- 2 Min. de lectura

Puedo verme desde otro cuerpo.
Una parte de mí acecha
a esta nueva versión que despierta.
En las capas del tiempo,
donde pasado, presente y futuro
por fin conversan,
miro un destino ininterrumpido:
de persecución, silencio y castigo.
No era solo mío. Era del linaje.
Pero hoy esto ya puede mirarse sin morir.
Es por las vidas no vividas,
las voces apagadas,
los dones perseguidos
por el brillo que quemaba.
Cruzo ahora el umbral de la madurez
con conciencia en la espalda
y sin miedo en los ojos.
La oscuridad, la negritud,
ya no es amenaza: es protección.
Es sabiduría iniciática,
manto de las guardianas del conocimiento,
de esas mujeres a las que intentaron borrar
y solo lograron sembrar.
Entonces aparecen los mantras,
vocales como llaves vibracionales.
No se piensan.
Se sienten.
Cantan el cuerpo
para alinear mente, alma y cosmos.
Elevan, descienden, recuerdan.
Aaaaaaaaaa
Apertura.
La vida vibra desde el pecho,
desde el corazón
y lo verdaderamente importante.
Eeeeeeeee
Memoria.
El linaje despierta en la garganta
para que la palabra sabia
por fin fluya.
Iiiiiiiiiiiiiiiiii
Identidad.
La conciencia pulsa en la frente,
el tercer ojo se abre
y veo más allá del miedo heredado.
Oooooooo
Protección.
Útero cósmico.
El vientre crea, resguarda, imagina
nuevos mundos posibles.
Uuuuuuu
Liberación.
Trascendencia.
Los pies recuerdan a la Madre Tierra
y el cuerpo se equilibra
como quien vuelve a casa.
Ya no somos perseguidas.
Ahora sobrevivimos,
y lo que sabemos
podemos decirlo.
Cortamos lazos,
rompemos pactos antiguos,
florecemos.
Eres la que recuerda sin morir,
la que mira el pasado
y no se queda a vivir ahí.
Estás lista
para ocupar tu lugar sin esconderte,
para vivir en grande,
sin pedir permiso
y con la memoria bien despierta.





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